Astronomía en Chile

Desde que en 1582 un soldado de la Corona tomó nota de de un eclipse lunar en Valdivia hasta la construcción del radiotelescopio ALMA y del megatetelescopio
E-ELT, Chile ha tenido una larga historia ligada al estudio de los astros.

El primer testimonio documentado de un chileno que tomó nota de un evento astronómico es del soldado Pedro Cuadrado Chavino, residente de la plaza de Valdivia a fines del siglo XVI. Siguiendo instrucciones de la Corona, observó el eclipse de Luna del 19 de junio de 1582; utilizando el antiguo método griego de los eclipses para calcular la longitud geográfica.

Hubo que esperar hasta la república para la instauración definitiva de las ciencias astronómicas en Chile, cuando en 1849, durante el gobierno de Manuel Bulnes, llegó al país una misión científica norteamericana liderada por el teniente de la armada de Estados Unidos James M. Gilliss, miembro del observatorio Naval de Washington D.C.

La misión tenía como objetivo las observaciones de Venus y Marte, y de esa manera calcular la distancia que separa la Tierra del Sol. Para ello se habilitó el primer observatorio astronómico de Chile, ubicado en el cerro Santa Lucía.

Al finalizar la expedición, el Estado adquirió el observatorio y los instrumentos, creando el Observatorio Astronómico Nacional.

En 1856 el observatorio se mudó a sus nuevas instalaciones, ubicadas en la Quinta Normal, en donde los trabajos se abocaron a las observaciones de Marte y a ser parte de un programa internacional cuyo objetivo era hacer más precisa la medición de la pereja solar y el cálculo de la distancia media del Sol, en el que el Estado chileno colaboró junto a otros países. Ya en 1865, el Observatorio Nacional era bien conocido entre los astrónomos del hemisferio sur por la calidad de sus resultados. Por otro lado, en esa misma fecha se inició la asignatura de Astronomía en la Universidad de Chile, con nueve estudiantes.

Con la llegada de la guerra del Pacífico, la crisis económica y otros contratiempos, las tareas de observación se vieron obstaculizadas. Sin embargo, en 1887, el Observatorio participó en la confección del catálogo de estrellas (Carte du ciel) organizado por la Conferencia Astrográfica Internacional. Luego, se observó y describió el eclipse total de Sol del 16 de abril de 1893, cuya franja de totalidad cruzaba el Desierto de Atacama.

Posteriormente, las actividades del Observatorio volvieron a languidecer, esta vez debido a problemas presupuestarios y a las dificultades inherentes a la adquisisicón y transporte de instrumentos y placas fotográficas que debían transportarse desde Europa.

En tanto, una nueva misión astronómica del Observatorio Lick de California, financiada por D. O. Mills, obtuvo permiso y apoyo del gobierno para construir la cúpula de un telescopio en el cerro San Cristóbal, lo que se efectuó en 1903.

En este nuevo lugar, se realizaron observaciones sistemáticas de las velocidades radiales de las estrellas del hemisferio sur, utilizando el único espectrógrafo instalado en este hemisferio. Los resultados fueron tan valiosos que la tarea continuó por más de 26 años, en vez de los 5 programados originalmente.

El Observatorio Nacional cambió su emplazamiento con el pasar de los años. En 1906 se trasladó a Lo Espejo y luego, en 1946, se instala en el cerro Calán, lugar en el que se encuentra hasta la actualidad.


Llegan los observatorios internacionales

En la reunión anual de la American Astronomical Sciety de los Estados Unidos, realizada el año 1958, surgió la posibilidad de que la Asociación Universitaria para la investigación en Astronomía, AURA, pudiese asociarse con la Universidad de Chile a través de las universidades de Chicago y Texas en la construcción de un modernos observatorio astronómico en Chile, dotado inicialmente con un telescopio de 150 cm de diámetro.

Poco después, al constatarse la transparencia del aire y la constancia de las condiciones atmosféricas del norte de Chile, el proyecto consiguió el apoyo oficial de AURA y luego de tres años de búsqueda de un ligar apropiado, se seleccionó el cerro Tololo, cercano a Vicuña. El Observatorio Interamericano de Cerro Tololo (CTIO), fue oficialmente inaugurado en 1967.

En tanto, en 1964, el Observatorio Europeo Austral (ESO) optó por el cerro La Silla, a unos 150 km al norte de La Serena, para construir un observatorio. Chile poco a poco ganaba prestigio dentro de la comunidad astronómica internacional, lo que se vio reflejado en el número del 29 de enero de 1971 de la revista Nature, en donde se destacaban los convenios científicos, particularmente con organizaciones de astronomía y astrofísica, suscritos por Chile, señalando las grandes posibilidades que se abrían para el desarrollo de estas ciencias en el país. Estos convenios, expresaban los redactores “permitirían a Chile conquistar un lugar de avanzada en el más apasionante de los campos de la ciencia mkoderna”.

En 1991, ESO decidió la construcción de su nuevo gran proyecto, el VLT (Very Large Telescope) en el cerro Paranal en la Regón de Antofagasta. En unos pocos años llegaría al país el mayor telescopio óptico del mundo. El año 2004, por su parte, comenzó la construcción del radio-observatorio milimétrico ALMA, ubicado a cinco mil metros de altura al oriente de San Pedro de Atacama, el mayor del mundo en su tipo.

Y en el año del Bicentenario de Chile, el país recibió una gran noticia, al confirmarse que el Consejo del Observatorio Europeo Austral (ESO) seleccionó Cerro Armazones, en el Desierto de Atacama, como ubicación de referencia del futuro European Extremely Large Telescope (E-ELT, o Telescopio Europeo Extremadamente Grande).

Fuente: QUINTANA, Hernán; SALINAS, Augusto. Cuatro siglos de astronomía en Chile. Revista Universitaria nº 83, 2004.